Se ha ido Ana a estudiar fuera, está en un piso con un grupo de amigos. Ayer hablo con ella y me dice: “¿Mamá no se como funciona todo esto? Dejo un pantalón en el suelo por la mañana y cuando llego, por la tarde, de clase, está en el mismo sitio: ¡arrugado sobre el frío suelo! En casa no pasaba eso. Dejabas el pantalón vaquero, tieso, en el suelo por la mañana y cuando llegabas por la tarde, aparecía colgado en una percha en el armario.

¡En casa, da gusto, está todo automatizado! Dejaba la ropa sucia en un cesto, o en el suelo, en los alrededores del cesto y en un par de días aparecía doblada y planchada encima de la cama. Ahora aquí, donde la dejo, la encuentro. Hay que separar la de color de la blanca, meterla en la lavadora, recordar comprar jabón en polvo, apretar el botón correcto de la temperatura. ¡Aquí la ropa la metes en la lavadora de un color y sale de otro! Tenía camisetas que eran blancas y están rosas, ropa interior que era blanca y esta gris. Al terminar el lavado hay que tender la ropa, recogerla antes de una semana para que no se quede tiesa, doblar tangas, toallas, planchar los pantalones, las camisas y colgarlas cuanto antes. No sabía que si las dejas un par de días sobre la silla se vuelven a arrugar, ¡ellas solas!.

Las sábanas de la cama, amanecen por la mañana arrugadas ¿Cómo es que por las noches siguen arrugadas en el suelo? Y los lunes, cuando voy a entrar en la cama, veo que siguen las mismas sábanas sucias de la semana anterior.

Por cierto, otra cosa, Mamá ¿Qué pasa en el baño, con el jabón liquido de manos y el papel higiénico? En casa se recarga sólo. Aquí, no se que hay que hacer cuando se termina el papel blanco y aparece un rollo de cartón marrón.

¡Mamá, estas casas antiguas, que no están automatizadas, dan muchísimo trabajo!”.