Los miércoles empiezan como los lunes, como los martes con el despertador sonando a las seis y veinte, tú a mi lado desperezándote, con el agua caliente, el albornoz que me envuelve, las cremas frente el espejo, la carretera a tope, un café y una porra en Moncloa y un beso en la puerta de tu trabajo, quizás algún mensaje, alguna llamada a mitad de mañana.
Los miércoles ahora como deprisa, cualquier cosa cerca del trabajo y me voy con María al gimnasio, sólo llevo unas semanas, primero tres cuartos de hora en la cinta andando a cierta velocidad (6,5) y después una clase de una hora de dar saltos, de hacer flexiones, de risas, de controlar las respiraciones, de abdominales, y total para terminar sin sudar una gota.
Te recojo en el portal de tu trabajo a las siete, otra vez la carretera de

buenos días azulita! Tus días azules tienen un toque de pimienta que los hace poéticos.
Es genial poder hacer de un día normal un día mágico.
besazossss
p.d: también me tengo que apuntar al gimnasio...ufffff
Día tranquilo, cómodo y con alquien con quien compartirlo. Eso está bien. Los míos son inciertos. No se llevan mal, pero nunca sé si voy a acabarlos en el sofá sóla, acompañada, o en otro sofá. Ja, ja.
Un beso.