La mayoría de las cosas que uno tiene en casa son nuevas, compradas, sin historia o con una historia tan pequeña que no es capaz de decirnos nada. Pero todos tenemos algunas cosas especiales, con su historia, son cosas que han vivido en otro sitio, en otra casa, en otra familia, en otro país. Y eso las hace muy especiales. Estas son las mias.

Os cuento

  • Una caja de metal pequeña, roja con un rombo azul en la tapa donde mi madre, cuando yo era pequeña, guardaba las monedas. Recuerdo que decía: “Niña coge 5 pesetas y vete a por pan”. Se la pedí y me dijo cuando seas más mayor te la daré. En un lateral de ella rallé mi nombre y aún sigue ahí casi ilegible. Me la dio cuando yo ya estaba casada. Ahora yo guardo la calderilla que me voy encontrando por casa. A veces la encuentro vacía, señal de que alguna de mis hijas ha pasado por allí.

Un mueble chino rojo donde esta metida la TV. Lo compre hace algunos años. Me contaron que es un “armario de novia” donde las jóvenes chinas meten sus ajuares. Huele a alcanfor, y aun con el paso de los años no se le quita el olor. Me gusta inventar que cosas se habrán guardado: kimonos de colores y seda, sábanas bordadas de ilusiones...

Una mesa pequeña de madera que estaba en casa de mis abuelos, ellos murieron cuando yo tenía dos y tres años y la verdad es que no los recuerdo. Esa mesa me encanta, me gusta saber que tiene su historia, que ha estado con ellos, con mi madre cuando ella era pequeña, en otro sitio, que ha oído conversaciones, que conoce la vida de personas que ya no están. La vi en el trastero de mi madre. Tiene unas salamandras de metal trepando por sus patas. Estaba hecha polvo, mi amiga Francis la restauró con todo mimo, lijó trocito a trocito, la encoló y le dio cera. Ahora reluce maravillosa en el Hall de mi casa.

Dos sillas del “gabinete de mis abuelos” me hace gracia esa palabra “gabinete”. Un sitio donde organizaban fiestas y bailes. Creo que no dejaban pasar nunca a los pequeñazos para que no estropeáramos nada. Ahora mi nieto da sus primeros pasos, arrastrandolas. Una de ellas aparece arriba en la foto.

Una alacena que compré en una chamarilería en el rastro y que ahora está en mi cocina, llena de tazas colgando, de platos y cacharros. Me gusta saber que antes estuvo junto al fuego de una cocina en un pueblo de La Mancha, oyendo las conversaciones algún llanto y las risas de esa familia castellana después de cenar.

Un baúl grande ¡Casi lo olvido! Ahora está en el porche de casa, guarda muñecas, un pale, un pictionary y otros juguetes de mis hijas, podría tiranlos, pero espero que algún día jueguen con ellos mis nietos. Hace muchísimos años estaba en el “sobrao”, así llamábamos a la parte alta de la casa del pueblo, la que estaba entre el último piso y el tejado. En éste baúl guardábamos las mantas de lana durante el verano.

Seguro que sabe montones de historia, pues esas mantas le habrán contado nuestros sueños, unos en colores y alegres; otros en blanco y negro, las autenticas pesadillas.