Llegue el domingo por la tarde. Ayer lo tomé de descanso, me quedé en casa y ni encender el ordenador, Hoy ya en este mundo os cuento algunas cosillas de mi Camino de Santiago. Hemos hecho sólo 100 Km a pie, empezamos cerca de Ferreiros.

Mi hermana y yo hemos venido encantadas, han sido unos días especiales, distintos, como en otro mundo, otro ritmo, más lento. Me ha encantado hacerlo con ella pues me ha recordado cuando estábamos solteras y dormíamos juntas las dos y hablábamos y hablábamos hasta dormirnos.

Las charlas han sido de mil cosas: ¡Cómo no, de maridos! en primer lugar, de cada uno de nuestros hijos, uno a uno, de sus problemas y alegrías. De hermanos y sus familias, de la suerte que tenemos de estar juntos todos y de tener a nuestro padre ahí tan cerca de nosotros.


Nos levantábamos muy temprano, normalmente a las 6, aunque ha habido un par de días que el despertador sonaba a las 5,30. Una ducha rápida y empezar el camino. Esas primeras horas del día te ayudan a pensar, que nunca viene mal, a meditar, a rezar. Todos los días el Angelus, una oración que siempre me ha encantado y que me recuerda cuando mi padre nos llevaba de pequeñas al colegio y en el coche lo rezábamos con él, después lo hemos rezado mil veces en el hospital cuando mi madre estuvo en coma antes de morir. Hemos oído misa algunas tardes y yo que soy poco de misas, me encantaba hacerlo en iglesias pequeñas con otros peregrinos y los paisanos del pueblo.


Mi hermana ha sido mi guía turística, estudio historia del arte, cada Iglesia que veíamos me explicaba, las archivoltas, su estilo… cómo si yo no supiera distinguir una iglesia gótica de una romanica. Pero me gustaba oirla explicar esto y lo otro.

Yo he sido la charlatana del grupo, hablaba de todo, con todos y con todo, lo mismo me daba que fuera un peregrino que un paisano, un extranjero o uno del país y si alguno pasaba de largo sin casi pararse yo pensaba lo que se perdía, no hablando con nosotras.

Palabras tenía para todos y para todo, un roble inmenso, las hojas de los eucaliptos que me llamaban y que querían que las cogiera y me las trajera en la mochila, yo a veces disimulaba y me hacía la loca pero algunas insistían y me llamaba e incluso me hacían retroceder un par de pasos para recogerlas. Así que he venido con la mochila llena de cosas: un montón de hojas de eucaliptus, mucha ilusión, algunas semillas de roble y de eucaliptus, de buenos propósitos, de piedras de pizarra, de alegría…Creo que la he traído mas llena de lo que la llevé, a pesar de que he dejado un par de camisetas en el camino.

He hablado con las vacas, las ovejas, los perros, hasta con los ríos….. Je, je,

Si es que una vez que empiezo, no hay quien me pare.

Han sido unos días enriquecedores a todos los niveles. Todos los peregrinos y los paisanos que encuentras te dejan algo en un rinconcito de ti. El que pasa a tu lado, te deja: una sonrisa, unas palabras, una mirada. El que menos, te dice “Buen camino” y te adelanta y tú le contestas suerte y buen camino y le dejas también algo de ti.

El verde del paisaje impresiona, árboles, plantas, aldeas diminutas.

La mayoría de las iglesias estaban cerradas por la mañana, pero en esta consegui entrar y subirme al campanario, ahí estoy saludando, aunque ya veo que no se ve bien.

El último día, antes de llegar a Santiago, madrugamos mucho, ya veis ahí que salimos de noche, y había una luna llena preciosa.

Y por fin llegas a Santiago. Te da un saltito el estómago cuando por fin a lo lejos ves la primera torre de la catedral, entre la niebla. Se te olvida el calor, el peso de la mochilla, los pies cansados, las agujetas de los primeros días, los madrugones….

Santiago está esperándote, dispuesto a oir todo lo que le quieras contar y como ya os podéis figurar, charlangas que iba yo, pues no paré de darle el rollo…. Sin olvidar dar las gracias por todo lo que tengo y pedir por mi familia y por todos, tambíen por algunos de la cocte que en estos momentos no están bien anímica o físicamente.

Las casas, las cientos de iglesias, el color de sus piedras, todo en Santiago es precioso, la niebla, todo invita a estar más sensible.

Y toca regresar, que quereis que os diga, me dio pena volver a la rutina, el ruido y el agetreo de Madrid, pero los que más quiero me esperaban y yo ya tenía ganas de verlos.


He hecho más de 400 fotos, asi que seguire escribiendo y contando cosas del camino e iré poniendo más fotos. Espero no cansaros y que os gusten.