Otra tarde más escribiendo, acurrucada en el sofá del porche, son casi las cinco, la misma hora  a la que llego cualquier jueves que me quedo a recuperar y como con Jorge, pero hoy no he comido con él, ayer fue su despedida, la celebro en su planta. Por la mañana , antes de abrir encargamos las tortillas y las cosas de la charcutería, luego a las once fui yo a recogerlo todo y a comprar los pasteles. María se encargo del resto. Todo estuvo perfecto, casi noventa personas. Hice montones de fotos, soy la reportera de todos estos saraos. Jorge y yo apenas hablamos, pero no nos quitabamos ojo, él estaba feliz, hablando con todo el mundo y sonriente. ¡Me encanta esa sonrisa!.

El día anterior habíamos estado juntos a la hora de comer, hablando de mil cosas, de gente, recordando montones de momentos vividos.

 Sigo sin asimilarlo,  no se que va a pasar. -Nada , nada, todo va a ser igual-, me intenta convencer él, pero yo sigó días y días con el corazón encogido. El uno de abril seguramente empezará en el nuevo sitio.

Nunca había pensado en esta posibilidad ¡Que tonta verdad! Pensé que pasarían años y años, yo me jubiliaría y él estaría ahi!!

Cientos, millones de palabras habladas, oidas, escritas...

Ahora me doy cuenta de lo importante que él ha sido para mi, ¡lo importante que es!

He parado por un momento de escribir. ¡no puedo más! estoy llorando mientras escribo y me alegra hacerlo, sabía que en algún momento tenia que explotar y ha sido aquí en casa, en el porche.

He tenido el teléfono un par de veces en la mano para llamarle, aqui lo tengo en la mesa, tentada para llamarle. No entiendo por qué no lo hago, por qué si es tan amigo no puedo decirle que estoy hecha polvo, que no se ha ido y ya le echo de menos, que tengo ganas de abrazarlo.

 ¿Por qué no puedo decir esto si es lo que pienso? ¿por que si fuera otra mujer podría llamarla y que me oyera llorar? Sé que él me consolaría como ha hecho montones de veces cuando he tenido un problema. ¡Este mundo es absurdo!!

¿No puedo quedar e ir una tarde con él al cine? ¿no podemos pasar una tarde charlando sentados en este porche? ¡No lo entiendo! ¡No lo entiendo aunque se empeñen! Menos mal que ahora la gente joven no tiene estos absurdos problemas, son más naturales que nosotros.

Hace una tarde preciosa, las mimosas del vecino estan amarillas, apenas tiene hojas verdes, el pruno también ha florecido, una luz preciosa a pesar de estar viendolo a través de lágrimas. No se mueve ninguna hoja, ni una ligera brisa, se oyen pájaros cantando, uno que contesta a otro. El primer día de este invierno que tengo los cristales abiertos del porche, hace una temperatura estupenda, la primavera está a punto de empezar

¿Qué estará haciendo Jorge? me pregunto. Los jueves trabaja por la tarde, hoy no, después a las 7,30 va a tenis, pero aún es pronto, las seis menos cinco. Estará con su portatil nuevo que ayer le regalamos. Como niño con zapatos nuevos. Trasteando con el ratón sin que yo se lo quite. Esto me ha hecho sonreir, ¡la de veces que nos hemos peleado por el dichoso ratón, por quererlo los dos a la vez. Esta mañana sin ir más lejos, cuando le he enseñado el vídeo que he hecho con las fotos de ayer de la despedida.  ¡Quita, dejame! y al momento ya estaba otra vez con él sin quererlo soltar.

A las doce hoy estaba en informática, al otro lado del pasillo, al principio no lo he visto, pero su voz es inconfundible, con Paco de un ordenador a otro, con sus gafitas de ver la vida de cerca en mitad de la nariz, mirandome por encima de los armarios. A las dos y media hemos bajado juntos en el ascensor ¡Qué tonterías!  Ahora todos estos mínimos detalles me parecen importantes. 

 He salido a dar un paseo y a hacer unas fotos en el jardín. El ciruelo, la catalpa, el manzano... todo está brotando.

 Y eso que todavía habra alguna helada. 

El paseo me ha venido bien,  estoy mejor, cierro las puertas del porche, ya ha refrescado un poco.