Cuando he entrado en casa, notaba algo raro, al principio no sabía lo que era, pero es que Él ya no esta, "Ringo" no ha salido a recibirme moviendo su cola como todos los días durante años (siempre que no se hubiera escapado). 

El domingo tuvimos que llamar a urgencias veterinarias para que lo durmieran y se lo llevaran. Estaba fatal, no se levantaba, pero con todo y con eso cuando Marta y yo nos acercamos a verle él movía la cola como queriendo alegrarnos.

¡Qué de tardes me ha acompañado en el porche, esperando que mi marido o  las niñas llegaran! Yo sentada en el sofá leyendo, oyendo música, cosiendo, soñando o escribiendo y Ringo tumbado en el felpudo y cuando yo decía ¡Ringo! él sin casi inmutarse movía la cola como diciendo  ¡¡¡Eh aquí estoy, no estás sola!!

Todos en casa lo van a echar de menos, pero yo voy a sentirme un poco más sola. Todos los días cuando le ponía la comida lo veía acercarse, contoneándose, despacio moviendo la cola. Siempre al oír su nombre "Ringo" movía la cola.

Se pasó montones de días castigado, atado junto a la caseta porque noche tras noche se escapaba de juerga y nos llamaban los vecinos. ¡La de veces que mis hijas o yo hemos ido a recogerlo a la perrera por sus juergas nocturnas!, Ya nos conocían ¡está aquí Ringo! nos decías. Otras veces había que llevarlo al veterinario pues volvía con algún mordisco.

Incluso las temporadas que estaba castigado, atado, me oía llegar en el coche y a pesar de ser yo la que lo mantenía atado él saludaba con su movimiento de cola como pidiendo perdón, muchas veces me daba remordimiento, lo soltaba un rato y lo metía en el porche conmigo.

¡Se que montones de tardes, a partir de hoy, cuando este sola sentada en el sofá del porche lo voy a echar de menos!!