¿Cuéntame? te pregunto. Y tú no me respondes, sé que no quieres hablar de ello, te da vergüenza.

Tú eres así.

Sé que estabas nerviosa por la mañana. Te vi mientras pintabas corazones en el suelo. Las mariposas no pararon de revolotear por tu cuerpo. Como otras muchas veces un nudo en el pecho.

También vi tu inmensa sonrisa, el brillo en tus ojos, el paso firme y decidido al regresar y te oí canturreando el resto de la tarde.