Tengo sentada aquí, a mi lado, en el sofá a Marta, terminó la temporada y tiene una semana de vacaciones pero el miercoles se vuelve a Vielha.

Me fijo en ella, la miro de reojo mientras ellas está con mi ordenador y yo escribo en mi diario, la veo de perfil, está muy guapa toda morenita, los ojos grises, hoy el día está también gris, ha estado toda la semana lloviendo.

 ¡Qué mayor es! Se ha hecho mayor de repente, una mujer independiente, pero yo la sigo viendo como la pequeñaja y es que siempre será la pequeña de la casa.

Puedo cerrar los ojos y verla sentada también en este sofá del porche repitiendo la lección una tarde hace 10 o 12 años.

Tiene morritos como María, lleva una coleta alta que le estira el pelo, casi no se le nota el remolino de la frente, o desde este lado que yo estoy no se le ve. Teclea el ordenador...

En unos días se irá, ¿Cuando estaremos otra vez asi? ¡la de horas que hemos pasado aquí juntas!, montones de tardes haciendo ejercicios ella, cosiendo yo...

De momento está encantada en Vielha,  por lo menos un año más, una temporada más se quedará, quizás hasta las próximas olimpiada.

Dice que le encanta vivir en un sitio tan pequeño, que todo el mundo se conoce y que Alberto su compañero de piso es un amor y eso que ni se conocían cuando se fueron a vivir juntos.

 Me fijo otra vez en ella, teclea el ordenador y canturrea una canción de Fito, ¡Qué mona esta con ese pijama rosa! se da cuenta que la miro y se vuelve.

¿Qué pasa mamá?, ¿Que piensas? me dice

Nada le contesto y sigo oyendo el teclear de mi ordenador.

 

P.D. En todas las fotos está Marta y la verdad es que el sitio sin duda es precioso