Me cruzo con ella desde hace más de un año, desde que tomo café al otro lado del puente. Ella va al cole, es la niña de rosa que unos días va de la mano de su madre y otras de la de su abuelo, supongo yo.

Siempre sonriente, siempre despierta, siempre feliz, siempre hablando y con su mochila de ruedas rosa a rastras. 

Creció mucho después del verano y su sonrisa también creció, va compartiendo palabras con quien la acompaña y sonrisas con todos los que nos cruzamos con ella.

Ayer no iba con ninguno de sus acompañantes habituales, hoy tampoco y hoy no sonreía, estaba triste, una lágrima resbalaba por su mejilla.

¿Qué le pasaba hoy a la niña sonriente y feliz que todos los días se cruza conmigo en el puente? No lo sabré...