Recien levantada, pelos revuestos, subo la persiana, día gris, legañas en los ojos, me asomo a la ventana del dormitorio, la colada semanal de mi solitaria vecina del bajo tiende de dos cuerdas.

Un par de toallas blancas, camisón rosa ¡imposible!, cuatro camisas y la ropa interior de toda la semana con pinzas de madera y colores.