Terminó la temporada de ski en Baqueira y mis hijas pequeñas, Ana y Marta han vuelto a casa, será por poco tiempo, pues la una se va a Orense a vivir y la otra seis meses a aprender ingles. Pero bueno, de momento aquí están. Os podéis figurar lo contentísima que estoy, yo con lo madraza que soy.

El otro día hablando con ellas de la vida estos meses en el Valle, empezaron a hablar de comidas. De repente Marta me pregunta: "¿Mamá tu sabes hacer croquetas?  Allí en Vielha todos nuestro compañeros y amigos del piso decían que lo que más echaban de menos eran las croquetas de sus madres y todos coincidían en hablar y decir que las mejores croquetas del mundo eran las de sus madres mientras que Ana y yo nos mirábamos extrañadas, ¡¡las croquetas!! Pero si nuestra madre nunca nos ha hecho croquetas.

-Mamá tu no eres un ama de casa típica y no es malo eh!!, dijo Ana, pero tu nunca nos has hecho croquetas.

 Así que ayer tarde me puse manos a la obra. Pensé antes preguntaros cómo hacerlas, sobre todo a Kili y Mariana que son tan buenas cocineras, pero al final me lance a la aventura. 

 Para empezar, me puse un delantal, creo que es la segunda vez que lo utilizo, típico de ama de casa y esto es lo que hice: Piqué un muslo y media pechuga de pollo que me había quedado asado, pique también un poco de jamón, hice una besamel un poco más espesa que para la lasaña, sin un solo grumo (que a mi me sale muy buena siempre) añadí una pastilla de avecren y el picadito.

Todavía me queda freirlas, pasarlas por huevo y pan rayado cuando llegue a la hora de comer. Y sobre todo, rezar tres padres nuestros para que me salgan ricas, ricas como las de todas las madres!!!!   Ja, ja, ja,  

 ¡¡¡FELIZ DÍA DE LA MADRE A TODAS!!! y ya sabeis, poneros a hacer croquetas no sea que os lo echen en cara cuando sean mayores como me ha pasado a mi.  Ja, ja, ja